Movimientos yihadistas en Siria

 
En un post anterior intenté explicar, con bastante prisa, algunos rasgos de los grupos de islamismo combatiente sirio. En este post intentaré ser más conciso, además de intentar explicar quien es el Frente Al-Nusra, y quien es Da’esh (ISIS, en la mayoría de medios occidentales).
 
Antes de nada puntualizar que es de vital importancia diferenciar entre grupos yihadistas de ideología salafista por un lado, y brigadas y grupos más o menos locales, formen parte o no del Ejército Libre, que utilizan nomenclatura y lenguaje religioso sin llegar a ser yihadistas militantes. En este sentido, cabe recordar que cinco décadas de tiranía baathista han disecado todos los recursos culturales, políticos, lingüísticos o incluso patrióticos de los sirios; el único lenguaje “público” que no se pudo erradicar a favor del lenguaje del poder fue el religioso, con el que se trató de convivir. Y el único lugar de reunión más o menos tolerado era la mezquita. Dicho esto, hacer referencias densas al Corán o a proverbios islámicos, sobre todo en el rural y la periferia pobre de las ciudades, en expresiones y charlas, es algo normal, ya que el idioma, el razonamiento y la cultura es de base religiosa. Estamos hablando de un estilo de religiosidad popular levantina, conservadora en lo social, con gran influencia de la cultura local, sea tribal o no, y de las diferentes corrientes sufís. La “politización” de este tipo de lenguaje aparece en las épocas de crisis y violencia (La colonización francesa, las sucesivas guerras con Israel, etc..). Esto no significa una buena relación con el islamismo salafista, ya que incluso las versiones más conservadoras de la religiosidad islámica popular levantina suelen chocar en muchos aspectos con el salafismo, que no es más que un purismo militante que toma como única referencia la atmósfera de los primeros decenios del Islam, incluyendo el contexto histórico de los mismos, y es poco tolerante con las variaciones, añadidos y mezclas que ha ido adquiriendo la religiosidad popular en el tiempo, sobre todo fuera de la península arábiga.

 
El lenguaje, aunque religioso en casi todos los casos, es importante para diferenciar de qué grupo estamos hablando. Los grupos locales, sean del Ejército Libre o no, se apoyan en el lenguaje religioso para expresar su posición de lucha a la defensiva contra un tirano injusto y cruel, y este lenguaje puede tener más o menos referencias sectarias contra los alawitas en función de que haya fricciones con milicias sectarias leales al régimen en esa zona o no. Pocas veces se escucha referencia alguna a lo que espera esta gente más allá de derrocar al régimen de Bashar Al-Asad. Se suele ver simbología siria, ya sea el escudo del Ejército Libre o la “Bandera de la Independencia”, aunque también es fácil ver simbología religiosa, ya que estos grupos no ven contradicciones entre ambas simbologías, también se definen a sí mismos como “revolucionarios” (Thowwar) pero sin tener mucho rechazo por el término “yihad”, el cual es entendido en su definición teológica amplia: Luchar por el “Bien” (por supuesto, la acepción religiosa del Bien). Se suele usar, también, mucha referencia a la zona (aldea, comarca, barrio, ciudad..) y a los mártires de esa zona en concreto.
 
Hasta este punto todavía estamos hablando de resistencia local y de Ejército Libre, que en realidad no es más que un titular común que engloba a las brigadas más grandes y “profesionalizadas” de esa resistencia, sin poder hablar todavía de mando único, ni siquiera de una coordinación eficiente. El carácter local es el imperante a la hora de actuar.
 
Podemos, a grandes rasgos, empezar a hablar de “yihadistas” cuando el lenguaje utilizado no es el de la religiosidad popular sino el de la expresión ideológica; el objetivo no es solo que el régimen de Bashar Al-Asad caiga, sino que hay que construir la sociedad musulmana en un Estado Islámico. La postura contra los chiítas o alawitas no es solo de odio local proveniente de fricciones entre comunidades, sino que ya hay una postura ideológica integrista suní contra el chiísmo, y que encuentra su expresión contemporánea en la postura contra Irán como proyecto imperial persa-chiíta, y contra los chiítas y alawitas por considerarlos, por definición, unos quintacolumnistas de este proyecto. 
 
 
Hay diferencias sobre el entendimiento de qué es el “Estado Islámico” que se mencionarán abajo.
 
 
El Frente Islámico Sirio
 
Formado por una docena de batallones y brigadas islámicas, entre ellos Ahrar Al-Sham. El Frente es uno de los grupos más poderosos y mejor armados y financiados, con conexiones cuasi públicas con esferas de poder político y económico en el Golfo Pérsico, y está presente en la mayoría de los frentes del país. De tendencia salafista, y con un programa político público y lleno de ansias de islamización (salafista suní) de la identidad y vida pública de sociedad y Estado. El Frente no habla de califato panislámico, y acepta la entidad nacional de Siria como Estado, pero lucha porque sea un Estado islámico: un Estado dónde el Islam suní, con su Sharia, sea la identidad principal, así como la fuente única de legalidad y legislación.
 
Se puede decir, con cautela, que el Frente Islámico Sirio es el brazo pragmático del salafismo sirio, ya que procura no chocar en lo simbólico con los revolucionarios: No niega la “Bandera de la Independencia” aunque no la enarbola, y no niega el término “Revolución” aunque no lo usa para definir su “yihad”. También procura evitar choques militares tanto con los grupos salafistas a su derecha como con el Ejército Libre, aunque últimamente ocurrieron varios incidentes entre Ahrar Al-Sham y Da’esh en Raqqa e Idleb, pero el Frente procura siempre que la sangre no llegue al río.
 
 
Frente Al-Nusra y Da’esh
 
El Frente Al-Nusra y el Estado Islámico en Irak y Sham (Da’esh, acrónimo en árabe) son los grupos puramente “yihadistas” de Siria, así como los que engloban a la inmensa mayoría de combatientes extranjeros. Ambos grupos están bien armados, a parte de ser grupos organizados y disciplinados. Ambos grupos son misteriosos; a diferencia del Ejército Libre no les gustan las cámaras ni los periodistas, y mucho menos las preguntas. No se conocen las identidades verdaderas de sus jefes, y la mayoría de sus combatientes van siempre encapuchados, incluso cuando están de descanso en las zonas liberadas.
 
Ambos grupos abogan por un califato panislámico, dónde la Sharia, según el credo del salafismo suní, sea la única ley. Niegan la entidad siria, así como cualquier otra forma de Estado, fronteras o identidades que no sean las del Estado del califato islámico. Son hostiles hacia toda simbología no yihadista (sobre todo la “Bandera de la Independencia”, que llegan a considerarla “hereje”), y también niegan el término “Revolución”.
 
Ambos grupos se llevan mal entre sí, ya que el segundo es una escisión violenta de la primera, pero vayamos al principio de la historia.
 
El nombre del Frente Al-Nusra sale a la luz en enero de 2012, 9 meses después del inicio de la revolución. En un comunicado, Al-Nusra reivindicó un misterioso y sanguinario atentado en el barrio damasceno de Midan, que es la principal cuna social de la revolución en Damasco. La primera reacción de la opinión pública opositora fue la de atribuir la aparición de tal misterioso grupo a los servicios secretos sirio. Esta acusación no estaba tan infundada, ni era del todo un simple intento de rechazar y negar un fenómeno que dañaría de sobremanera la imagen de la revolución.. los servicios secretos sirios son bien conocidos por sus habilidades en el trato con grupos extremistas religiosos, habilidades que vienen de muchos años de experiencia en Líbano durante la guerra civil (1975-1990) pero sobre todo en el Irak ocupado. El régimen sirio encontró en la intervención -via infiltración- en estos grupos yihadistas una manera de chantajear a EEUU. Se toleraban redes de infraestructura, reclutamiento y recepción de yihadistas llegados de todo el mundo para ir a Irak, que actuaban de una manera muy poco discretas en un país en el que podías pasar hasta 5 años en la cárcel por escribir un artículo o un manifiesto, o por un intento de asociación en la universidad. El grifo de yihadistas que pasaban la frontera sirio-iraquí se abría y cerraba según las necesidades del régimen en su relación con EEUU, y el cierra definitivo de ese grifo sucedió pasado el 2007, cuando un acuerdo entre ambos países en materia de “lucha antiterrorista” (léase: Rehabilitación política del régimen sirio tras varios años de aislamiento a cambio de profundizar una coordinación entre servicios secretos que nunca llegó a interrumpirse del todo) llevó a una mejora de las relaciones, llegando a retornar un embajador americano a Damasco tras casi un lustro de ausencia, concretamente desde el asesinato del ex primer ministro libanés Rafik Hariri. A parte de esa realidad histórica, el régimen había emitido en los primeros meses de la revolución varias “amnistías” que no incluían a la mayoría de presos políticos o activistas y manifestantes, pero sí incluyeron a decenas de presos yihadistas, entre ellos, según varios informes, Mustafá Setmariam, el español de origen sirio que llegó a convertirse en uno de los personajes centrales de Al-Qaeda. Setmariam había sido capturado en Pakistán, y la CIA lo habría entregado más tarde al régimen sirio en el marco de la “colaboración en materia de seguridad” entre ambos bandos. Esta excarcelación masiva de yihadistas (bastantes de ellos, seguramente, colaboradores de los servicios secretos sirios) fue, para muchos sirio, una de las maniobras más retorcidas del régimen, ya que estos no tardarían en formar grupos integristas, monitorizados gracias a infiltrados y reclutados, que llevarían el conflicto a un terreno, el de dictadura ma? o menos “laica” contra “terroristas islamistas”, más cómodo para el régimen de cara a occidente.
 
Poco a poco, Al-Nusra fue creciendo y ganando protagonismo gracias a su gran eficacia militar. Sus combatientes eran sirios en su mayoría, aunque el peso de los combatientes extranjeros fue aumentando con el tiempo. El combatiente de Al-Nusra nunca retrocedía ante un ataque, y el comportamiento con la población civil no era del todo malo, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de zonas dónde actuaba eran ya de por sí muy conservadoras, con lo cual no había demasiado choque de costumbres y estilos entre población y combatientes. Fumar, algo repugnante para un salafista yihadista, era de los pocos motivos de discusión que podía haber entre un combatiente de Al-Nusra y otro del batallón local. Estas realidades hicieron que el rechazo inicial fuera disminuyendo, incluso se llegó a coexistir con las sospechas -más que fundadas- de que Al-Nusra era una fracción perteneciente a Al-Qaeda. El grupo, escudado en un mutismo hermético en cuanto a sus intenciones, solo mostraba dos realidades: Que era grupo integrista, y que tenía mucha más experiencia y destreza en el combate y en la preparación de atentados que todos los otros grupos combatientes. Los comunicados de sus acciones aparecían en un foro en internet generosamente documentados gráficamente y con bastantes detalles técnicos, acompañados siempre de cánticos yihadistas y banderas negras: muy al estilo de Al-Qaeda en Irak. El intento de buena parte de la oposición política de huir de la realidad de que era Al-Qaeda, aunque no lo haya anunciado tal y como suelen hacer este tipo de grupos, parecía cada vez más ridículo, pero la acción sobre el terreno de Al-Nusra era cada vez más fuerte, y no mostraban hostilidad hacia los grupos del Ejército Libre, así que la decisión de declararles la guerra no era una opción factible, según algunas opiniones “pragmáticas” de aquellos días. Un ejemplo de esta mentalidad quedó plasmado en diciembre de 2012, cuando la administración americana decidió incluir al Frente Al-Nusra en la lista de organizaciones terroristas argumentando la existencia de evidencias de conexión con la rama iraquí de Al-Qaeda. Tanto la Coalición Nacional como el Consejo Nacional manifestaron su rechazo a tal decisión. La oposición siria estaba entonces muy desilusionada con la actitud de Obama frente al conflicto sirio, y consideró que semejante acción iba a favor de la retórica del régimen de Bashar Al-Asad sobre el levantamiento en su contra, así como un impedimento más para conseguir armamento para el Ejército Libre. Este rechazo, parecido de manera preocupante a una rabieta, era la primera vez que la oposición hacía referencia a Al-Nusra, ya que era un tema que prefería obviar en sus declaraciones y comunicados.
 
El tema de Al-Nusra fue, durante meses, uno de los ejes centrales de discusión dentro de la esfera opositora. Algunos consideraban que eran parte del movimiento contra Bashar Al-Asad tanto como el Ejército Libre. Otros recelaban y desconfiaban pero argumentaban que no era factible abrir otro frente contra ellos con el Ejército Libre tan desorganizado, sobre todo sin existencia de pretexto directo sobre el terreno. Otros reclamaban una actitud contundente contra ellos. Pero la discusión se hizo aun más complicada meses después.
 
El 9 de abril de este año, apareció una grabación de voz en los foros yihadistas atribuida a Al-Baghdadi, el jefe del Estado Islámico en Irak (anteriormente Al-Qaeda en Mesopotamia). En esta grabación, Al-Baghdadi anunciaba que el Frente Al-Nusra había nacido desde dentro del Estado Islámico de Irak, y que Al-Goulani, el jefe de Al-Nusra, era “uno de nuestros soldados” enviado a Siria para montar la organización. Como conclusión de esta narración, Al-Baghdadi anunciaba la disolución tanto del Estado Islámico en Irak como del Frente Al-Nusra, fusionándolos en una única organización bajo su mando: El Estado Islámico en Irak y el Sham* (Da’esh). Al día siguiente, apareció otra grabación atribuida a Al-Goulani en la que, con términos muy corteses y educados hacia Al-Baghdadi, argumentaba que el paso de fusión no había sido tratado ni acordado, y que el Frente Al-Nusra no había anunciado sus vínculo hasta el momento por considerar que todavía no había llegado el momento. Al final, Al-Goulani anunciaba, a modo de huida del voto de obediencia exigido por Al-Baghdadi, que el Frente Al-Nusra renovaba su voto de obediencia (hasta ahora no anunciado) a Al-Dawahiri, el número uno de Al-Qaeda tras la muerte de Osama Bin Laden.
 
Tras este cruce de grabaciones, Al-Nusra perdió la mayor parte de su poder y presencia a favor de Da’esh, que acaparó la práctica totalidad de los yihadistas extranjeros, así como el apoyo logístico iraquí. Al contrario que el Frente Al-Nusra, Da’esh mostró rápidamente sus tremendas ansias de dominación, entrando en riñas primero con el Ejército Libre, al cual le asesinaron a varios combatientes y dirigentes, y luego con otros grupos salafistas. Semanas después del cruce de grabaciones, Al-Dawahiri emitió una grabación en la que decretaba la disolución de Da’esh y la vuelta a la diferenciación entre las sucursales siria e iraquí, pero dicha orden no fue cumplida. En este sentido, Da’esh, oficialmente, no es Al-Qaeda, sino una escisión de ella.
 
A parte de la relación tensa con casi todos los grupos armados, y el hambre de dominio mostrado desde el primer momento, Da’esh dificulta aun más la vida de los civiles de las zonas liberadas. En lo que a pillaje se refiere, Da’esh se comporta igual que las bandas de ladrones comunes, llegando incluso a robar los pupitres de los colegios. También ofrecen un trato muy malo a los civiles, viviéndose muchos secuestros, incluso no pocas ejecuciones públicas. A diferencia del Ejército Libre, que suele tratar positivamente con los periodistas extranjeros y las organizaciones internacionales, y Al-Nusra, que no trataba con nadie, y desconfiaba de todos, pero no impedía demasiado la labor, Da’esh es muy hostil hacia los extranjeros, y el secuestro de periodistas y activistas es ya una práctica en preocupante aumento. De hecho, la última gran batalla entre el Ejército Libre y Da’esh, en Azaz, al norte de Alepo, sucedió porque Da’esh intentó secuestrar a un médico alemán voluntario que prestaba sus servicios en un hospital clandestino en la zona del Ejército Libre.
 
Por su parte, la oposición política ha ido endureciendo, con mucha lentitud, su lenguaje contra Da’esh. Los últimos comunicados y notas de prensa de la Coalición Nacional ya hablan claramente de que este grupo es “enemigo de la revolución del pueblo sirio” cuando antes se limitaban a mencionar por encima a “grupos que ejecutan agendas ajenas a la voluntad de los sirios”. Ya se denuncia que Da’esh no combate al régimen, sino que trata de apoderarse del terreno liberado. Declaraciones aparte, los combates entre Da’esh y el resto de fracciones no han hecho más que empezar. Queda por ver cómo leerán las potencias regionales e internacionales esta realidad, a la espera de que la postura facilona de “los rebeldes sirios se matan entre ellos” no domine esas lecturas.
 
Por su parte, no son pocos los civiles de las zonas liberadas que piensan que Da’esh está infiltrada por el régimen, y que actúa, consciente o inconscientemente, bajo monitorización de los servicios secretos sirios. El argumento de que este grupo ya no lucha contra el régimen sino que se dedica a apoderarse de más terreno en exclusiva no es el único, sino que también denuncian que el régimen, misteriosamente, nunca ha bombardeados sus sedes, que son bien conocidas, mientras se ceba contra los civiles.
 
Sea así o no, no cabe duda de que Da’esh y hermanas fue el mejor regalo que “recibió” el régimen en 30 meses de revolución, ya que su efecto negativísimo, político y mediático, es incalculable, aparte del sufrimiento añadido de la población civil. Éramos pocos, y parió Al-Baghdadi.

* Al-Sham: Nombre que se le da en árabe clásico (con lo cual en el lenguaje religioso) a la zona conocida como Siria natural; las actuales Siria, Líbano, Jordania y Palestina


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